Retomando la rutina escolar

Por Lenka Kejevic


Para cuántos de nosotros fue difícil retomar la rutina escolar y laboral luego de estos días de descanso…

Algunos consejos prácticos (aunque tomemos en cuenta que para todos es diferente!):

– Mantener actitud positiva: ayudar a nuestros hijxs a recordar que se reencontrarán con los amigxs y aquellas cosas y personas que les gustan de sus colegios. Somos ejemplo de esa actitud, si nosotros estamos cabizbajos y demasiado cansados, es difícil esperar algo distinto de nuestros hijxs. No perdamos la paciencia… poco a poco.

– Recuerden alguna actividad que disfrutaron juntos durante los días libres y díganles que la cuenten a sus compañeros. Cuando vuelvan del colegio o jardín pídanles que les cuenten cómo les fue y qué hicieron los demás.

– No está demás decir que conviene dejar todo preparado la noche antes… las mañanas de retomar las rutinas son naturalmente más difíciles.

Animo con la semana post 18 y post terremoto… esperamos que todos estén bien.

¿Alguien quiere compartir sus experiencias?


Lenka Kegevic
Psicóloga

La Importancia de una Buena Conexión

Por Lenka Kejevic

Hoy leía sobre la importancia de conectarse con los niñxs todos los días. Especialmente cuando pasamos largo rato lejos de ellos durante el día.
Leí que la mejor forma de hacerlo es a través del jugar. Me pareció lógico ya que esta es la forma de expresión y aprendizaje natural de los niñxs.
Leí también la historia de una mamá que contaba que su hija tenía actitudes muy desafiante. Que desde que había comenzando a abrazarla y conectarse con ella, al pedirle que hiciera cosas que la hija desafiaba antes, se mostraba más dispuesta a hacer lo que la mamá le pedía. No se conectaba con ella para lograr su cooperación. Lo hacía porque entendió que la actitud desafiante de su hija era una expresión de la necesidad de conexión con su madre.
Hoy estaba haciendo una asesoría en crianza a una mamá sobrepasada por las pataletas de su hijo (muy productiva por lo demás) por lo que llegué a mi casa cuando los niños ya habían comido. Las horas de comida son una hora particularmente crítica para mí y los niños. Hoy me salté esa hora. Llegué y cada uno estaban jugando tranquilos y contentos. Me di el tiempo de estar con cada uno. Sin teléfono, solamente siguiendo las instrucciones que ellos me daban en cada uno de sus juegos. Fue maravilloso.
Llegó la hora en que tenía que avisar que ya nos íbamos a ir acostar. La respuesta fue: ya mamá, termino lo que estoy pintando y nos vamos acostar. Sin quejas, sin alegatos, con cooperación, alegría y un ambiente muy amoroso en la casa.
Viví en primera persona los efectos de la conexión.
Y se lo recomiendo a todos. Definitivamente la tarea para hacer todos los días. Dejar los teléfonos, dejar la expectativas, los juicios y poner atención completa a ellos. En sus ritmos. En sus gustos. En sus tiempos.
A veces cuesta. A veces lo hacemos y no nos damos cuenta. Pero hoy fue consciente y totalmente empapado por lo que había leído. La logística de la casa me ayudó. Y todos, todos lo disfrutamos y lo agradecemos infinitamente.
Los acuesto con mi corazón de madre llenito de amor incondicional que fluyó explícita y naturalmente. Los vi. Los disfruté. Me disfrutaron. La vida es bella.


Lenka Kegevic
Psicóloga

La Magia de Leer a y con los Niñxs

Por Lenka Kejevic

Sabido es que los niñxs que crecen expuestos a libros presentan mejores habilidades verbales. El sólo ver libros en la casa es un aporte. Más si se ve leer a los padres. Y más aún si a ellos se les lee regularmente. También sabemos que los niñxs necesitan escuchar el lenguaje de personas y no de pantallas. Pero además de ser un gran aporte al desarrollo de su inteligencia, leer con y a los niñxs es una instancia extraordinaria para compartir con nuestros niñxs.

Acomodarse todos juntos en la cama a leer en pijama, listos para dormir, puede llegar a ser una de las partes más gratas de la caótica rutina nocturna. Es el momento ideal para bajar revoluciones, estar abrazados, para interactuar a través de imágenes, de lo que otros han escrito y de cómo los niñxs experimentan esta información.

Además de acercarlos a la lectura, darse el tiempo para leer un cuento y luego comentarlo con los niñxs, puede ser una gran oportunidad para enseñar a los niños sobre las emociones, un elemento fundamental para el desarrollo de la empatía. También permite educar en valores, al rescatar elementos que nos parezcan valiosos de los cuentos. Preguntarle a los niñxs si se les ocurren finales alternativos al escrito, o tratar de entender qué motiva a los personajes a actuar como lo hicieron, o qué habrían hecho ellos si fueran los protagonistas de la historia, o tratar de entender cómo se sienten los personajes con las cosas que les ocurren a lo largo de la historia. Estas son sólo ideas de cómo podemos utilizar un cuento para enseñar, pero al mismo tiempo conocer un poco más de cómo son y sienten nuestros niñxs.

Escuchar a los padres leer también motiva la comunicación, amplía el vocabulario aún más que conversar con ellos ya que los libros contienen más palabras únicas y diversas que la que usamos en nuestras conversaciones. También promueve la asociación entre las palabras que escuchan, algunas de ellas nuevas, y los dibujos que observan, lo que a su vez les permitirá descubrir significados de palabras a partir del contexto en el que se presentan. Como si esto fuera poco, además el escuchar historias activa la imaginación, estimula la creatividad (el ver sólo una imagen de la historia obliga a imaginar el resto de los que les están contando al mirar una página), y también entrena la capacidad de atención.

Los niñxs no necesitan libros largos, tampoco necesitan que se lea siempre de la misma forma, de hecho, un libro con sólo dibujos y una historia inventada funcionan tan bien como los clásicos de la literatura infantil y a veces ni siquiera es necesario cambiar de libro, leer los favoritos una y otra vez, está perfecto para muchos niñxs.

En síntesis, leer con y a los niñxs es aún mejor de lo que ya parece ser.

Lenka Kegevic

Psicóloga Educacional UC

Madre de 2 y fiel lectora de cuentos infantiles diarios.

21 consejos para las visitas Post parto

por Lenka Kejevic

Culturalmente estamos acostumbrados a que cuando nace una guagua hay que ir a visitarla y llevar un regalo. Como madre, se agradece el gesto. Ahora, me he encontrado con varios consejos que pueden ser muy útiles para todos aquellos que van a ir a visitar a una madre reciente. Podemos estar o no de acuerdo en todo, pero esta es la propuesta de Criando Positivo sobre qué cuidados e iniciativas hay que tener cuando vamos a ver a una mamá y a su recién nacido, en especial primeriza, y más si aún si no cuenta con ayuda en su casa.

Partamos de la base que la gente que te va a ver es porque te quiere, se preocupa por ti, y quiere compartir contigo y tu pareja la alegría de la llegada de tu recién nacido. Pero contextualizamos que estamos adoloridas, enfrentadas a este nuevo ser humano totalmente madre-dependiente-demandante, y que hay algunas madres que quieren paz, otras ayuda, otras muchas visitas. Pero lo que si coincide en todas, es que están tratando de pensar cómo van a poner en orden su vida cuando lleguen a sus casas: lactancia, mudar, dormir, alimentarse, asearse, mantener la casa, y además recibir visitas (que convengamos son bastante más abultadas con la primera guagua que con las que vengan después). ¿Entonces?

1. Hay quienes plantean que es mejor no visitar en el hospital /clínica: creo que eso lo podrá ver cada mamá ya que a veces estar en un lugar neutral, con ayuda de enfermeras (que ayudan cuando hay que sacar a las visitas que se quedan pegadas, o cuando la madre quiere dar pecho tranquila). Pero es cierto que en esos días, y dependiendo del tipo de parto, muchas madres necesitan recuperar fuerzas y descansar. Lo que sí es clave, son esos primeros días para adaptarte a tu hijo, al pecho y eso tiene que ser respetado por las visitas.

2. Tratar de no ir el mismo día que nació el bebé, en especial si fue por cesárea o después de un largo trabajo de parto (recuerden, es TRABAJO de parto: agotador!!!!). Si es pariente cercano, pregunte. Y empatice con la respuesta, o si encuentra a la madre y a la guagua durmiendo, por favor respete su sueño, puede que se trate de un bien escaso!

3. Sea de visita en la casa o en el hospital, no ver a la guagua como un bien público al que se puede tomar en brazo cuando uno quiere. De repente como mamá cuesta decir que preferimos que no lo tomen, por lo que la recomendación es a leer las claves no verbales de la madre y a respetar los espacios de intimidad. O tal vez esperar que te ofrezcan si quieres tomar al bebé.

4. Si va a la casa, trate que sea pasado algunos días después de la llegada del hospital para que la nueva rutina se asiente un poco. A no ser que le soliciten visitas previas, en cuyo caso, intente ayudar en lo que se le pida.

5. Pregunte antes de sacar fotos, y siempre sin flash!

6. No publique fotos de la guagua en las redes sociales sin el consentimiento de los padres. Y no se moleste si le dicen que no.

7. No dejarse caer: llamar y coordinar una visita en que la madre pueda estar decente para recibir. Y aunque uno no vaya a estar decente, se agradece saber con antelación quién vendrá y cuándo. No importa qué tan cercano seas, siempre podrás interrumpir una lactancia, y no a todas las madres se les da fácil dar pecho. Y bueno, no molestarse si te dicen que no es un buen momento para visitar.

8. Si va a aconsejar o a opinar sin que le pregunten, mejor omítalo: está abrigado, desabrigado, debe tener hambre, frío, sed (¿¡¡). El exceso de opiniones agobian, angustian o molestan, por lo que intente opinar sólo cuando le pregunten. Respete las rutinas y forma de hacer las cosas de los padres de la guagua.

9. Respete la intimidad de la lactancia si la madre así lo quiere. Puede ser por necesidad de intimidad, porque sea una lactancia dolorosa, porque problemas con la bajada de la leche, porque la mamá aún se estrese con el tema. No espere que le pidan que salga, al contrario, sólo quédese si se lo piden explícitamente. Entrar y salir mientras se está amamantando no es respetar el momento, me refiero a respeto total: dejarla sola todo el tiempo que necesita, independiente de si está en su casa o en otro lugar.

10. Se agradece la visita corta, a no ser que se le solicite lo contrario, explícitamente. Y no espere que lo atiendan.

11. No se le ocurra visitar si tiene síntoma de alguna enfermedad. Aunque sea alergia, la madre del recién nacido sólo se angustiará: agradecerá mucho más ella, y su salud mental, si explicita que va a postergar su visita porque usted o alguien en su casa tienen mocos o tos, independiente de su origen.

12. Si le piden que se eche alcohol gel, aunque te parezca psicótico, hágalo. No cuesta nada, ya se nos va a pasar la obsesión. Si no se lo piden, no lo proponga, pero si lávese las manos antes de acercarse a la guagua.

13. Sea de utilidad: ofrezca cuidar a la guagua para que la mamá se duche, vaya a dar una vuelta a la manzana, tenga un tiempo fuera de la casa con su pareja, etc. Ofrézcase para cocinar, ordenar, cuidar a algún hermano o a la guagua para que la mamá pueda dormir 10 minutos (puede ser suficiente).

14. Si quiere visitar a horas de comida, lleve una comida rica, y que pueda comer mientras está dando pecho (que no hinche y no de alergia).

15. Omita comentarios si la casa está desordenada o si la mamá lo recibe en pijama: en su lugar, proponga ayuda para ordenar, o darle tiempo para una rica y larga ducha.

16. Ofrecer a los padres primerizos juntarse fuera de la casa: sirve para tomar aire, no tienen que atender a nadie, no queda desorden en la casa. Y si no quieren, no insista.

17. Recuerden la hora del caos, del terror o todos sus otros nombres: las 7,30 pm puede no ser una buena hora de visita, a no ser que usted vaya a ayudar con la rutina de acostar a los hermanos grandes o con esta hora de colapso.

18. No vayan a visitar en grupos grandes, a no ser que se les invite explícitamente así. Consulten siempre con la madre antes intentar hacer un panorama en la casa del recién nacido.

19. Visitas con niños: lo mejor es preguntar y ser realistas respecto al comportamiento de los niños que van de visita. Ser empáticos con las necesidades de la nueva madre: ¿se va a estresar con los gritos, el desorden las peleas? Mejor que no vayan. ¿Van a alegrarle el día y van un ratito corto? Bienvenidos. ¿Están enfermos? Por ningún motivo.

20. Se agradece una compañía de confianza con la que la madre pueda simplemente estar. Que sirva de catalizador, de conversación de cualquier tema, con la que se pueda reír, llorar, descansar, no hablar, etc. Si eres así de cercana a una nueva madre, mantente cerca. A veces la crianza de bebés puede ser solitaria, y no es bueno aislarse.

21. Llamadas: es mejor escribir y esperar a que te respondan si tus intentos de llamar no resultan: si no te responden el teléfono es por algo y es muy poco probable que te devuelvan la llamada.

Bonus: sería bueno llevar regalo a la madre y no sólo a la guagua.

Muchas gracias por hacer la vida de la nueva madre más fácil y socialmente adaptativa, ya que nunca va a ser bien visto que se le pida a una visita que cocine, haga aseo, o te deje dormir, así que tome usted la iniciativa!

¿Qué otros consejos agregaría ustedes?

Lenka Kegevic
Psicóloga 

La pena de la maternidad

por Lenka Kejevic

Cuando somos madres recientes a veces podemos sentir que el mundo se nos viene encima. Vemos este ser humano tan chiquitito, precioso, al que amamos, sin embargo sentimos que no estamos preparadas para poder cuidarlo, o que estamos demasiado cansadas, o no podemos dejar de llorar… sentimos que en un momento estamos inundadas de amor, y al siguiente sólo queremos llorar… no entendemos qué nos pasa. Probablemente quienes estén a nuestro alrededor tampoco lo entiendan.

Muchas veces echamos la culpa a las hormonas. Puede ser… puede que sea una etapa normal que en inglés se llama baby blues. En esta etapa es normal sentir muchas ganas de llorar, estamos temperamentales sobre cosas que antes no nos molestaban, aun cuando tengamos claro que tenemos todo para estar felices. Nos sentimos ansiosas, agotadas, nos cuesta dormir, no tenemos ganas de comer, podemos estar más irritables, nerviosas, preocupadas sobre si seremos buenas madres, o asustadas de que nos sentiremos siempre así.
¿Quién dijo yo? ¿Cuántas nos sentimos así con una guagua recién nacida? La buena noticia es que esto es normal!! Sentirse de esta forma, por muy poco agradable que sea, puede pasarle a muchísimas mujeres durante las primeras dos semanas después que nace la guagua (aproximadamente). De hecho, cerca del 80% de las mujeres lo experimenta.

Y efectivamente le podemos echar la culpa a las hormonas! Después que nace la guagua el cuerpo cambia rápidamente: bajan los niveles de hormonas, baja la leche y nos sentimos agotadas… esto puede llevar a la esta sensación de pena post parto. A eso se suma que nos ponemos una fuerte presión emocional ya que nos preocupamos por el bienestar de la guagua (agudizado por nuestra sensación de que la pena nos va a durar mucho tiempo), la transición de ser madre (por primera vez, o pasar a ser madre de dos, o pasar de 2 a 3…), o el desgaste que trae el ajuste a una nueva rutina. Las responsabilidades se ven abrumadoras.

Pero repito: es normal, no es una enfermedad por lo que no requiere tratamiento ya que pasa solo.

Entonces, cómo pueden ayudar quiénes están junto a nosotros en esta etapa: pueden hacernos sentir seguras, apoyarnos, ayudarnos a descansar (aunque sea una siesta de 10 minutos) y tener algo de tiempo para nosotras. Y recordarnos que esto es normal y que a muchas, muchas mujeres nos pasa!!! Cuando reconocemos que no somos las únicas que estamos exhaustas, inseguras, asustadas (en especial si es la primera guagua), podemos dejar ir un poco esta sensación.

Quienes nos rodean: escúchennos, acompáñennos, regaloneennos, visítennos pero ayúdennos para que esta visita no sea un estrés más, refuércennos el buen trabajo que estamos haciendo como madres, anímennos a llorar si es que es eso lo que necesitamos, dennos espacio para preocuparnos de nosotras, ayúdennos a dejar ir las responsabilidades que podamos postergar, cocinen por nosotras, ayúdennos a priorizar tareas para hacer las necesarios y dejar las otras en espera, insístannos en la necesidad que tenemos de descansar y cuiden a nuestros niños para que podamos hacerlo aunque sea un ratito y asegúrennos que están ahí con nosotras para lo que necesitemos. Recuérdennos que no estamos solas y que no somos las únicas a las que nos ha pasado. Presiónennos para buscar apoyo y compañía en caso que nos sintamos muy solas….

Pero por sobre todo, ayúdennos a diferenciar esta sensación de pena de una depresión post parto ya que los síntomas son parecidos.
La pena dura alrededor de 2 semanas después de nacida la guagua. Después de eso se puede esperar un repunte emocional. Si los síntomas continúan más allá de 3 semanas después de nacida la guagua, es importante que hables con tu ginecólogo, o matrona para que te aconsejes si necesitas ayuda profesional, en especial si tienen historial de depresión personal, o familiar. Si estás demasiado incómoda con tus síntomas, o éstos son invalidantes, no dudes en pedir ayuda. A veces necesitarás remedios, a veces necesitaras complementarlo con psicoterapia. Es importante que recuerdes que no estás sola en esto, que a muchas mujeres nos pasa y que se puede salir adelante con la ayuda adecuada.

A los que nos acompañan, ayúdennos a tomar la decisión de pedir ayuda. Tener depresión posta parto no nos hace ni mejores ni peores madres. Podemos empezar a sentirnos mejor con ayuda, no te demores en buscarla ya que tu hijo te necesita, al igual que tu familia.


Lenka Kegevic
Psicóloga

La importancia los otrxs

por Lenka Kejevic

Cuando recién nació mi primer hijo, recuerdo que sentía que hasta lo más mínimo, me superaba. Te entregan a tu guagua, te mandan a la casa con un par de orientaciones, pero es muy difícil dimensionar o imaginar cómo yo iba a sentir e interpretar lo que pasa fuera de la clínica, lejos de las enfermeras, y muchas veces, sola en la casa.

Meterme a la ducha era una cruzada titánica ya que en mi cerebro inundado en hormonas y leche, estaba la fantasía de que en esos 3 minutos y medio, mi hijo podía sufrir las cosas más impensadas. Consecuentemente, arrastraba la cuna hasta la puerta del baño mientras él jugaba tranquilo y ajeno a todos mis fantasmas. Este es sólo uno de los ejemplos de la cantidad de cosas cotidianas que sentía que era imposible hacer, manejar o controlar. Para qué hablar de cuando apareció el primer moco, la primera fiebre, esos llantos descontrolados que siempre achacamos a los supuestos cólicos (y que a los doctores les encanta interpretar como una posible alergia a la proteína de la leche y la consecuente dieta…).

Y así fue creciendo, y las preocupaciones fueron mutando, pero la sensación de estar abrumada se repetía ante ciertas situaciones en que sentía que no sabía por dónde resolver. Independiente de cuál sea el, en mi cabeza, problema, hay algo que me ha servido a lo largo de todas las edades de la corta vida de mis hijos: conversar. Cuando han sido guaguas, me ha servido enormemente buscar a alguien (amiga, mamá) para preguntar o compartir preocupaciones. Contar con un par de personas que sintiera que podían escucharme y darme su opinión/experiencia/apoyo, fue un alivio enorme y ha seguido siendo. Me permitió saber que no soy la única, que a mucha gente más le han pasado cosas similares a las que yo consideraba tan personales e intransferibles. Para mi también fue importante elegir a quiénes quería y necesitaba como “asesoras”: busqué a alguien que yo respetara en su forma de funcionar con sus niños, que no me agobiara, y por sobre todo, que no me juzgara.

La amiga, la tía, la abuela, la matrona, quien sea pueden ejercer ese papel. Lo importante es tener un espacio para compartir. Aún hoy, que mis hijos están un poco menos chicos, sigue siendo necesario, aunque haya cambiado su rol y su intensidad. Cuando eran guaguas, necesitaba apoyo y consejos, otras personas podrán requerir otras cosas. Ahora que han crecido, y yo como mamá con ellos, estos roles han pasado a conformarse más en espacios para mi, mi energía, mi oxígeno.

En esta etapa, conversar con otras mujeres ha sido un descubrimiento: compartir cosas que me estaban pasando y darme cuenta que a TODAS las que estábamos participando de la conversación nos pasaba lo mismo. Al mismo tiempo me ha permitido enriquecerme de cómo cada una le estaba haciendo frente. Y en otros momentos han sido una válvula de escape a la rutina cotidiana, que si bien nos llena el alma, es importante reconocer que podemos sentirnos agobiadas.

En síntesis, hoy me parece obvio, pero en ese momento buscar apoyo se me hacía una tarea más para la que no había ni tiempo ni energía, sin darme cuenta que era el primer soporte que me iba a sostener y ayudar a estar bien.

Lenka Kegevic
Psicóloga

La Dificultad de ser Padres

Por Lenka Kejevic

La crianza no es fácil. Ser padres no es fácil. Cuántos artículos y libros relacionados con el tema comienzan con o contienen frases como estas. Es que son ciertas. No es fácil. Pero he estado pensando y dando vueltas al por qué y me estoy convenciendo que la dificultad no radica tanto en la tarea de criar en sí misma, si no en el desafío que nos pone a los padres como personas.

Me explico. Cuando estamos criando a otra personita, en especial cuando queremos romper con las formas tradicionales de crianza, o con cómo nos criaron a nosotros, y buscamos acercarnos a una crianza positiva, respetuosa, amorosa, o la etiqueta que se prefiera, la dificultad real radica en tener que encontrar, pulir, re descubrir, crear, educar, formar, rescatar, sanar, lucir, una mejor versión de nosotros mismos.

Nos desafía a estar muy atentos a pequeñas cosas ya que todo le enseña a los niños. Nos presiona a tener autocontrol en situaciones en las que normalmente podríamos perder un poco (o mucho) el control de nuestras emociones ya que esa es la mejor forma de que nuestros niños a aprendan a regular la expresión de lo que sienten. Nos invita a aceptar todas nuestras emociones, si, esto incluye aquellas que nos incomodan, y a expresarlas de una forma sana, considerada, respetuosa y constructiva ya que es el único camino para que nuestros pequeños se sientan cómodos con sus mundos emocionales.

Nos lleva a enfrentar prejuicios y aceptar llantos que a nosotros no nos aceptaban, a flexibilizar las reglas que no tienen sentido, a cuestionar nuestras creencias y prejuicios arraigados en nuestra médula y ver cómo cambia la métrica cuando se aplica a nuestros hijxs.

Nos enfrenta a aspectos de nosotros que quizás antes nos veíamos, estaban oscuros, callados, y ahora debemos mirar con luz directa para poder hacer bien nuestro trabajo más importante y trascendente. Y cuesta. Y es difícil. Y a veces es duro. Y a veces duele. Pero se paga.

El trabajo que cada padre que quiere criar positivamente debe hacer consigo mismo es importante. Implica no sólo estar presente con los hijxs si no estar presente con nosotros mismos. Estar atentos a lo que le pasa a los niñxs sin pasar por alto lo que nos pasa a nosotros. Conectarnos con ellos y mantenernos conectados con nosotros mismos. Tener paciencia con ellos y tenernos paciencia también. Perdonar sus errores y saber perdonar los nuestros, el mensaje es aprender de ellos. Ayudarlos, pero ayudarnos antes a nosotros. Y por sobre todo aceptarnos, querernos, respetarnos… ¡Lo estamos haciendo lo mejor posible! ¡Lo estamos haciendo bien!

Lenka Kegevic
Psicóloga

Criando en Pareja

por Lenka Kejevic

Para los padres, al igual que para las madres, el paso a la paternidad genera ansiedades, preguntas, miedos, además de alegrías y expectativas. Algunos padres tenderán a preocuparse menos porque descansarán en que la madre de la criatura podrá orientar lo que venga, otras parejas, podrán vivirse el proceso en conjunto, otras por separado. Pero para todos es un reto, que también genera un cambio en la relación, que pasa de ser una relación de pareja, de dos, a una relación de pareja, pero además de padres, y ahora son 3.

Surgirán nuevos conflictos: abrigar o no, bañar o no, dejarlo llorar o no (ojalá que no), hacerlo dormir en brazos o no, recibir o no visitas, y muchas otras cotidianidades. Incluso podrán surgir conflictos más profundos como celos, o sentimientos de exclusión, o recriminaciones por expectativas no cumplidas, o por conceptos de familia o de crianza en los que pueden no estar de acuerdo, o simplemente por la falta de sueño, o por la disminución en la atención que se le puede estar dedicando a la pareja en pos de la guagua.

Por lo anterior es importante que las parejas se preparen para este paso. ¿Cómo? Conversen acerca de lo que se viene. ¿Qué esperan el uno del otro? Desde cosas trascendentales, como los valores familiares, hasta cosas rutinarios como: cómo van a organizar la rutina de la casa una vez que llegue la guagua: ¿quién va a ir al supermercado? ¿Cocinar? ¿Recibir a las visitas?, ¿cómo van a organizar las noches? En caso que haya más hermanos: ¿cómo van a dividir el tiempo para dedicarle tiempo exclusivo a los otros hermanos con ambos padres? (juntos o separados). Proyecten la posibilidad real de que el poco tiempo que les quede, lo van a querer dedicar a descansar: será necesario agendar tiempos para dedicarse como pareja. ¿Quién los puede apoyar con los niñxs para poder darse un tiempo para ustedes?

Es importante también que reconozcan sus miedos e inseguridades para que puedan apoyarse y vivan esta etapa juntos como pareja de padres. De esta forma es más fácil que puedan apoyarse con más fuerza en los temas en que el otro se sienta especialmente inseguro o atemorizado. No debemos olvidar que la falta de sueño, la adaptación a la nueva rutina, la sobre carga de responsabilidades, y probablemente de trabajo, son cosas que generalmente afectan tanto a la madre como al padre, con todo el mal genio y baja de ánimo y de energía que eso que conlleva.
Consecuentemente, es muy importante para todo lo anterior, que trabajen la comunicación, la empatía, y la comprensión. Revisiten constantemente los temas que les parezcan importante, ya que una cosa es para lo que puedan haberse preparado antes de que llegue la guagua, y otra es lo que están viviendo con el bebé en casa.

Intenten mantener un ambiente de tranquilidad en su hogar, ya que las guaguas (y los niños), no importa cuán pequeñas sean, son capaces de detectar las emociones que los rodean, y requieren sentir un ambiente de seguridad para poder crecer y desarrollarse de forma positiva.

¿Algunos otros consejos? Padres: cooperen en las tareas domésticas, involúcrense activamente en el cuidado de la guagua, permitan que la madre tenga períodos de descanso, comprendan que la madre esté más cansada de lo normal y más enfocada en la guagua que en nada, y por supuesto, con una serie de hormonas decantando en su cuerpo, las que necesitan ser comprendidas, aceptadas, observadas.

Madres: permitan que los hombres se involucren, no traten de abracarlo todo, préstenles atención e involúcrenlo activamente en este proceso, permítanles pasar tiempo con sus hijos, manténgalos al tanto de las cosas que se pierden por no poder estar con ellos tantas horas como ustedes.

Ambos: son una pareja, un equipo, no se recriminen, en su lugar, busquen alternativas de trabajar juntos para lograr el objetivo final que va más allá de la guagua: la familia. Recuerden que estos cambios en la vida cotidiana son normales, son parte del proceso de ser padres, y son una etapa. Luego tendremos que ir adaptándonos a nuevas etapas, con nuevas características, nuevos desafíos, y nuevas maravillas. Analicen los ajustes juntos, busquen el acomodo preciso para su familia, dense los tiempos necesarios para adaptarse, y no se cierre a pedir ayuda a sus cercanos. De ser necesario, considere apoyo profesional

Lenka Kegevic
Psicóloga

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